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Medellín: el ambiente musical en la vida de barrio

Esta es una historia de vida como muchas de barrio, de comuna, del parche de amigos. Vamos a recordar la vida de Mendoza, un habitante del sector “Belencito el Corazón” de la comuna 13 de la ciudad de Medellín.

Esta zona ha sufrido las consecuencias de la violencia, como muertes prematuras de grandes personajes y sujetos difíciles; pero también hacen parte de la misma, personas trabajadoras y emprendedoras que creen en sí mismas y apuestan por un mejor futuro, para ellos y sus hijos.

Entre este último grupo se encuentra Mendoza, quien es un personaje alegre y que le gusta el arte como opción de vida (música), aunque en los años 80 cuando era niño no era una buena elección, pues el medio cultural no era el adecuado para pensarlo como forma de subsistencia, según su familia.

En las entrañas del barrio

El sector en esa época se encontraba en una etapa de desarrollo de la violencia que se había tomado las calles, al igual que la costumbre de las fiestas de los fines de semana y la ambición de los jóvenes de andar en moto con el único propósito de estar con la chica más linda de su zona.

En ese contexto hallamos a Mendoza, que le atraía el ritmo de aquellas canciones que sonaban mucho en su barrio, y nos referimos a la buena salsa de el Gran Combo de Puerto Rico, la Sonora Ponceña, la Fannia y los diferentes conjuntos cubanos.

A pesar que en esos tiempos el internet aún no había invadido los hogares, existía un buen gusto a la hora de escuchar música o de amenizar un pequeño agasajo.

La niñez de Mendoza

A principio de los años 90, Mendoza tenía 12 años de edad, soñaba con ser músico y pertenecer a un grupo musical interpretando lo que más le apasionaba: los instrumentos de percusión.

No era fácil pensar en la música en esos años, tanto para trabajar en ello o al menos participar o acceder a clases, pues era costoso y la información bastante restringida.

Contra todos los pormenores, Mendoza salió adelante con su sueño, sobrepasó las barreras de la violencia, las pruebas de vivir su adolescencia en un barrio popular de Medellín enmarcado en los años 90s donde culturalmente no era el adecuado, pues la idiosincrasia apuntaba más a la admiración a los chicos malos, que, a las cosas buenas, entre esas las expresiones artísticas.

Actualmente el barrio “Belencito el Corazón”, tiene más vertientes musicales, una capacidad de información mayor y vive una evolución hacia las cosas buenas. Los jóvenes le apuestan a la música, las artes plásticas, el teatro y el baile, los cuales son formaciones más asequibles para esta población.

Y Ahora Mendoza trabaja en lo que siempre soñó, y con 8 lustros de vida (40 años) muestra a otros jóvenes de su barrio que es posible alcanzar sus sueños, sin importar que tan duro sea el medio social, ni cuantos impedimentos se presenten en la vida.